domingo, 2 de junio de 2013

ROBERTO LATORRE: GRAN ANIMADOR DE LA CULTURA

 
Escribe Julio Antonio Gutiérrez Samanez

Entre los intelectuales de las generaciones posteriores a la ilustre generación de la primera huelga universitaria llamada con mucho acierto “Escuela Cusqueña” por el Dr. Francisco García Calderón, encontramos al periodista, cuentista, escritor y político Roberto Latorre Medina, cuyo Seudónimo fue Martín Paucar. Pocos intelectuales, sin duda, han dejado tan profunda huella en sus generaciones como animadores de la cultura y como luchadores sociales, dedicado su juventud a su fortuna y su vida, a esos nobles menesteres, para ser después olvidados y desconocidos por las nuevas generaciones.

El “pato” Latorre, como lo llamaban cariñosamente sus amigos, fue un intelectual de primera fila, y como lo describen sus contemporáneos, un hombre de especial temperamento y amplitud de espíritu. Amigo de toda clase de personas, conocedor profundo del alma humana, su sensibilidad exquisita lo llevó a concebir el Socialismo como la panacea universal para solucionar todos los problemas del hombre.

Roberto Latorre, nació en el Cusco el 2 de junio de 1897, sus padres fueron: José Manuel Latorre y María Josefa Medina. Se casó con la señora Tula Luna, con quién tuvo dos hijas.

Hizo sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Ciencias, luego los superiores en la Universidad de San Antonio Abad, llegó a graduarse por ser “alérgico” al título profesional como otros representantes de su generación.

Fundó el semanario “El Ideal” en  1911.

En el año de 1913 trabajó en “El Sol” como tipógrafo.

Viajó a La Paz, Bolivia en  1916, donde trabajó como obrero empacador en una fábrica de velas. De regreso al Perú, fue cronista de El Sol en 1917, llegando a ser Jefe de informaciones de éste diario en  1921.

En 1924, fundó la famosa revista “KOSKO” que fue clausurada en enero de  1926, por el gobierno de Leguía que confinó a su Director y propietario en la isla de San Lorenzo.


INDIGENISTA MILITANTE Y GRAN CUSQUEÑISTA


Latorre, dejó en pie hasta hoy en día, los ideales difundidos en esa gran tribuna de la cusqueñidad que fue “KOSKO”, donde se foguearon nuevos valores del pensamiento y confrontaron opiniones los cusqueños más esclarecidos de su época.

Entre los años de 1927-28, fue animador y colaborador de la Revista “Kuntur” editada por estudiantes y maestros universitarios actores de la huelga universitaria del 27. En esos mismos años fue jefe de Redacción de “El Sol”. En Junio de  1929, ingresó a la primera Célula Comunista del Cusco.

El 11 de marzo de 1932 por orden del gobierno de Sánchez Cerro fueron fusilados ocho marineros  de la depuesta sublevación de la base de Callao. El Perú entero protestó y el gobierno de la “Zoocracia y canibalismo” arremetió contra el pueblo y sus dirigentes: “tras los sucesos -dice J.G.G.L- la policía estrechó el cerco contra los comunistas, y esta vez cayeron otros camaradas que venían eludiendo a los verdugos cerristas. Fue capturado Roberto Latorre, ilustre periodista revolucionario, propulsor del arte y numerosas instituciones y actividades culturales como el Grupo Cultural Cuzco y el Instituto Americano de Arte, redactor de “El Comercio” y de “El Sol”, fundador y director de la revista “Kosko” y colaborador de “Amauta” y de “Kuntur”. Tenazmente perseguido por la policía cerrista que le había tendido una celada, Roberto Latorre, anduvo durante meses, fugitivo por lejanas provincias del departamento, como Paruro, donde captó costumbres, hábitos y notables expresiones culturales de los campesinos siervos, en una de las zonas más deprimidas de la región. Por fin lo atraparon los esbirros, y luego de un prolongado encierro fue enviado al penal del Frontón y de allí, en compañía de otros presos de Lima y Arequipa internado a la selva del Madre de Dios en julio de 1932. Esa vez, el camarada Roberto, luego de llegar a Puerto Maldonado, se internó en las lejanías selváticas hasta Iñapari y Bolpebra, pequeños poblados situados sobre el río Acre, en el punto de concurrencia de las fronteras del Perú con el Brasil y Bolivia. Como los otros presos comunistas, para salir del infierno verde tuvo que dar una larguísima vuelta por el Beni y las pampas de Mojos, en territorio boliviano, para llegar a La Paz, donde vivió exiliado con su familia, hasta 1934 en que regresó al Perú acogiéndose a la amnistía concedida por el general  Benavides” (“Así nació el Cuzco Rojo”, Págs. 328 – 329).

En  1935, regresó al país y se dedicó a la actividad comercial.  Latorre, fue un hombre-puente y enlace entre los intelectuales del sur andino y sus pares de la república altiplánica de Bolivia; fue él quién hizo conocer a los poetas jóvenes del grupo “Orcopata” de Puno

En  1936, ejerció el cargo de Secretario del Concejo Provincia del Cusco.

Fue uno de los fundadores y animadores del Instituto Americano de Arte en octubre de  1937, siendo, en años posteriores, uno de sus presidentes. Durante una de sus estadías en Puno, organizó una filial del Instituto Americano de Arte (24 de abril de1941) que subsiste hasta hoy.

Desde 1941, fue administrador principal de Correos y Telégrafos del Cusco.

Este extraordinario luchador social y animador de la cultura falleció el 1º de Abril de  1949. Todas las instituciones culturales del Cusco, encabezadas por el Instituto Americano de Arte le rindieron un merecido homenaje. Los intelectuales compañeros suyos, le dedicaron dolidas notas de prensa, ente ellos Julio Pastor y Julio G. Gutiérrez, quien dedicó a la memoria del ilustre periodista prematuramente fallecido el artículo intitulado “Nuestro Dolor es viril” en El Sol el 4 de Abril de  1949.

 
KOSKO EL INDIGENISMO Y LA UNIVERSIDAD POPULAR CUSQUEÑA

En el año de  1924, surgió la filial cusqueña de las Universidades Populares, creadas por la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), en su Primer Congreso de  1918 en el Cusco.

Ese año 24, salió la revista KOSKO editada por Roberto Latorre y dirigida por Luis Yábar Palacio, que al decir del autor de “Así nació el Cusco Rojo”: “… Iba a jugar un importantísimo papel en la difusión de la literatura revolucionaria de la primera post-guerra y en la orientación doctrinaria de importantes sectores de la intelectualidad y de la juventud” (Pág. 11).

KOSKO informó sobre la inauguración de las Universidades Populares González Prada, hecho ocurrido el 10 de mayo de  1924 en el salón de la Sociedad de Artesanos.

En el segundo número el gran indigenista e historiador Dr. Luis E. Valcárcel, había escrito un artículo con el título de “Socialismo”, induciendo a la juventud a estudiar esa nueva doctrina, aunque, el maestro del indigenismo, posteriormente, decidió marchar por otros caminos.

KOSKO informó de la gran labor realizada en dos escasos meses por la Universidad Popular, en la que participaron dictando cursos de Castellano, Jenaro Fernández Baca; Aritmética, Mariano Cárdenas Castro; Legislación del trabajo, Casiano Rado; Economía Política, Alberto Delgado; Botiquín del Hogar, Guillermo Vallenas; Geometría, Ricardo Santos; Constitución, Luis Villa; Leyes Penal y Civil, César Muñiz; Higiene, Rafael Tupayachi.

Además intervinieron los doctores Leandro Pareja, Félix Cosio, Luis E. Valcárcel, Federico Ponce de León, Rafael Aguilar y el sabio Dr. Antonio Lorena. (Obra citada Pág. 14).

En esta misma obra (pág. 23) se narra la forma cómo la reacción y el clero, clausuraron KOSKO, y apresaron a su mentor.

 
ROBERTO LATORRE INTRODUCTOR DEL MARXISMO EN EL CUSCO

Uno de los historiadores que desde la orilla política opuesta y no con pocas acusaciones gratuitas, ha profundizado el conocimiento del desarrollo de las ideas marxistas en el Cusco, es sin duda el Dr. José Tamayo Herrera quién en su obra “El Cusco del Oncenio”, analiza la importancia de la revista KOSKO y de su fundador Roberto Latorre, reclamando por un “injusto olvido”, de su propios camaradas.

“Pocos como el “pato” Latorre, dice Tamayo, merecen el recuerdo y el enaltecimiento, de las nuevas generaciones, en un pueblo de tan mala memoria como es el Cusco, que olvida a sus hombres más importantes y el “pato” Latorre, por este defecto de la psique colectiva, es un gran hombre, injustamente olvidado, inclusive por sus propios camaradas del Cusco Rojo”.

Acusación gratuita porque la memoria de Latorre fue siempre recordada en muchos escritos publicados en los periódicos locales y en el periódico “Jornada” de sus camaradas de partido. Igualmente, el Instituto Americano de Arte, entidad cultural de la que fue co-fundador y Presidente, siempre honró su memoria y exhibe su retrato en la galería de sus presidentes.

Con respeto a la revista KOSKO el mismo autor dice lo siguiente: “KOSKO era una revista de importancia excepcional entre las diversas revistas indigenistas peruanas, primero cronológicamente, porque precede a “Amauta” en más de dos años, a “la Sierra” III en casi tres, al “Boletín Titikaka” de Puno en más de dos, a “Chirapu” de Arequipa en casi cuatro, a “Kuntur” en tres, etc.

La primera revista indigenista peruana no fue “Amauta”, como piensan los mitificadores de Mariátegui sino “KOSKO”.

Igualmente -prosigue Tamayo- la primera revista con contenidos de tipo marxista y artículos de los grandes tótems del marxismo mundial es “KOSKO”, dos años antes de “Amauta”, y la verdadera iniciadora de las ideas marxistas es “KOSKO” aunque en una medida menor que la sofisticación y el virtuosismo de “AMAUTA”. (pág. 53).

KOSKO, según el estudio de Tamayo, tuvo tres periodos: El primero bajo la dirección de Luis Yábar Palacio (19 de Mayo al 22 de junio de  1924), cuya orientación fue federalista. El segundo periodo de agosto de 1924 a abril del 25, bajo la dirección del Dr. Luis Felipe Paredes Obando, con una ideología indigenista.

El tercer periodo bajo la conducción de su fundador Roberto Latorre de abril del 25 hasta su clausura en enero de 1926, con una orientación marxista.

Finalmente debe ser considerado como un cuarto periodo, porque no es menos importante, el conjunto de los siete últimos números del 64 al 71, publicado bajo la dirección de Cristóbal Latorre, hermano menor de Roberto.

Tamayo, infelizmente, usa la historia de KOSKO y Roberto Latorre para desprestigiar al comunismo cusqueño, quizás por ese: “no disimulado odio de clase contra los creadores del Cusco Rojo que, por otro lado, admira”. (“Así nació el Cusco Rojo…” pág. 155), manchando así, su interesante investigación con frases tendenciosas, hablando no sólo de un cierto “olvido” mal intencionado, sino, de que ciertas “fricciones internas dentro del PC, cusqueño hicieron que Roberto Latorre fuera borrado de la historia “oficial” del PC, con posterioridad a 1930”. Acusación gratuita y malintencionada. Porque el enigma de que Latorre, fue o no, uno de los fundadores del PC cusqueño y otras suspicacias quedaron aclaradas con la publicación de las actas del grupo Ande y de la primera célula aprista del Cusco, cuyos facsimilares fueron dados a conocer en el libro “LA VERTIENTE CUSQUEÑA DEL COMUNISMO PERUANO” (1989) del Dr. Carlos Ferdinand Cuadros. Según esos documentos, Latorre había ingresado con posterioridad a la fundación de mayo del 29, fue admitido en la sesión del  1-7-1929. Aunque no intervino en ninguna de las sesiones posteriores, era amigo del Grupo Ande, pero se le tenía desconfianza por su estilo de vida liberal y bohemia de clubman y jugador. Debe haber sido esa la razón por la que en reiteradas ocasiones no se decidió su admisión. Otra causa fue su cercanía a Mariátegui, ya que era agente de la Revista Amauta en Cusco, junto con Casiano Rado y el Dr. Valcárcel.

Muchos “amigos” de esa misma época, no fueron siquiera invitados al Grupo Ande, tales como el Dr. Uriel García (que en esa época predicaba la filosofía idealista de Bergson), Carlos Lira, Luis Velasco Aragón, Casiano Rado, Erasmo Delgado Vivanco, Manuel Castro y otros (Sesión del  28-9-29). Y, como se sabe, las desavenencias con el grupo de Mariátegui, se debieron a varias causas: la primera de orden político, ya que los cusqueños decidieron entablar relaciones directas con el Secretariado Sud-Americano de la Internacional Comunista con sede en Buenos Aires, ello hizo que se diferenciaran de los socialistas de Lima y de sus amigos en Cusco como Latorre, Rado y Valcárcel; y en segundo lugar, por el anti-limeñismo: “se sentía a Lima como algo extraño y lejano, más se leía literatura argentina”-decía mi padre-, agregando que “en Lima no tenían en cuenta para nada a los provincianos, había (y aún hay) menosprecio a todo lo serrano” (J.G.G.L., Comunicación personal).

Pero en cuanto se superaron esas diferencias, Latorre ingresó al Partido (sesión del  01-07-1929), igualmente, Casiano Rado en la sesión del  08-07-1929, (“La vertiente..”, ob. Cit. pág. 140), y, a la muerte de Mariátegui, en abril de  1930, ya estando dentro del Partido, Latorre y sus camaradas realizaron el primer homenaje público de la intelectualidad cusqueña a la memoria del ilustre pensador, -considerado limeño por entonces-, en el diario El Comercio del Cusco del 19 de abril de  1930, y el diario “El Sol”, del 22 de abril de ese año (“Así Nació el Cusco Rojo” Pág. 141.)

Como todo intelectual, bohemio y diletante, Roberto Latorre fue al inicio, reacio a la disciplina partidaria, pero, finalmente, fue ganado a la organización proletaria, llegando a ocupar cargos de dirección en el Comité Regional, y como responsable de la Comisión Campesina. “Hacía sentar a los campesinos indígenas en su propia mesa”. (J.G.G.L. comunicación personal).

Como bien dice Tamayo Herrera en la página 51 de su obra “El Cusco del Oncenio” “Roberto Latorre fue víctima de la persecución, tanto del Gobierno de Leguía como del de Sánchez Cerro, por sus ideas marxistas”, Latorre estuvo preso en San Lorenzo durante tres meses.  Durante la dictadura de Sánchez Cerro, fue confinado siete meses en la selva de Madre de Dios, estuvo “preso en San Lorenzo y El frontón y después exiliado en La Paz, Bolivia, con toda su familia”.

En esas circunstancias (1933), coincidieron con mi padre en Bolivia, saboreando la sal amarga del destierro. Cabe agregar en mérito a la verdad, algo que el historiador Tamayo no dijo. Durante el gobierno de los “terratenientes ligados a actividades industriales” (Tamayo pág.  34), es decir de los gamonales encabezados por Samanez Ocampo y el Dr. Francisco Tamayo Pacheco, padre de nuestro historiador, a la sazón Ministro de Gobierno y Policía, también se reprimió ferozmente “por sus ideas marxistas” a esos hombres que estamos reivindicando ahora, desde diferentes posiciones políticas, desde luego.

Es necesario aclarar también que en muy pocas ocasiones después del 30, los comunistas pudieron gozar de la paz y libertad de la “naciente burguesía agraria industrial y profesional” -como prefiere llamarlos el Dr. Tamayo-, para poder escribir una historia “oficial”, borrando de mala fe a sus propios camaradas. Y si no  ¿Porqué Don Pepe Tamayo reclama ser uno de los descubridores de estos hechos? Como dice él mismo, “… después de las páginas pioneras que nosotros le dedicamos en algunos capítulos de nuestra “Historia Social del Cusco Republicano en 1978”.

Pero habrá otro momento para descargar los ataques de tan “imparcial”, egocéntrico, objetivísimo e inmaculado autor, ya que si no fueron escritos a “edad avanzada” (como escribe Tamayo para referirse despectivamente a las “Memorias” de Valcárcel y al libro de Gutiérrez), han sido concebidas con una mentalidad retardataria de un culto terrateniente.

 

Porque como dice la presentación de “Kosko” de marzo de  1924, Nº 1 -no sabemos si escrita por Yábar Palacio o Roberto Latorre- “en una democracia sana y organizada, sólo caben dos partidos: el conservador de cabeza encanecida, que aún vive chupando los pezones ideológicos de la edad media; y el radical que despliega la bandera roja de la regeneración, su lucha marca la pulsación de la vitalidad de un pueblo”.


Otro de los grandes cusqueños de esa época, don Román Saavedra o Eustaquio Kallata, en el artículo intitulado “Roberto Latorre y los intelectuales de Puno y Cusco”, publicado en el Nº1 de la Revista del “Centro de Estudiantes Puno”, Cusco  1949 dice: “Dos intelectuales cusqueños pueden ostentar, con justo orgullo, el título de oteadores de nuevos horizontes literarios, de vigías perspicuos; Luis Velasco Aragón y Roberto Latorre.  Ambos partieron, ideológicamente, de una mezcolanza de conceptos federalistas y anarquistas, para rematar, el primero, en epígono del gonzález pradismo y Latorre, por una depuración autocrítica en uno de los propugnadores del socialismo científico” (…) “Con alguna antelación a “Amauta”, Roberto Latorre escudriñaba el horizonte intelectual de la post-guerra, de 1914-18, que presentaba dos aspectos fundamentales. Un marcado sentimiento anti-belicista y un despertar de las nacionalidades oprimidas y, concomitantemente, afloraba una conciencia social beligerante, con una modalidad lírica conceptual, abrupta empapada de recia creatividad, que rompía los diques de la retórica con el caudal impetuoso del subconsciente”.

“Roberto Latorre era el empresario de esta fiesta del espíritu. El no fue el acaparador mostrenco de títulos de oropel. No era crítico, poeta ni novelista, más o menos en agraz. Era un oteador, sagaz vigía de un mundo que surgía, auroral y fecundo, de las hogueras de la guerra imperialista”.

“No usufructuó ningún remoquete de los que tanto se pirran los bobalicones lugareños. No fue poeta, a pesar de su fina sensibilidad de esteta, no fue crítico porque le faltaba la levadura de la cultura libresca y la simulación de una apabullante erudición. Tampoco en el cuento llegó a donde pudo haber llegado, a pesar de poseer una prosa narrativa, llana y sugerente”.

Fue un autor “que ha comprendido la responsabilidad del intelectual frente a un mundo que marcha por la lucha democrática del progreso. La tragedia del intelectual serrano es que no puede desprenderse todavía del cascaron de los prejuicios feudales y captar el mundo actual dialécticamente.

Casi siempre está de espaldas a la vida añorando el pasado, por eso abundan los historiadores, los arqueólogos, los catalogadores de vejeces”.

“Latorre, más bien despuntó como periodista. No fue un columnista ni editorialista que desata apasionadas discusiones, o se lanza a la palestra del polemista. Era el comentarista que arroja la piedra al techo de cristal del vecino pero sin ocultar la mano”.

 

En otro lugar Román Saavedra escribe:“Los periodistas por antonomasia dentro del aporte cultural cusqueño, son indudablemente, Roberto Latorre y Pacho Fierro. El primero era el periodista aguijoneado por una inquietud constante y un descontento de nuestro plantel mediocre de intelectuales en barbecho. Tenía naturaleza de mastín de caza, olfato fino para rastrear el suceso escurridizo; ojos penetrantes para dar en el blanco de los acontecimientos. Sin pelos en la lengua ni eufemismos de pudibundo. Un rajatablas con entrañable angustia de enderezar entuertos y anegado de un amor encendido por y para el Cusco. Desesperado y agonista por condenar el cuzqueñismo de simulacro y exhibir, más bien, el meollo auténtico de nuestra ruta intelectual, de nuestras pequeñas y grandes cosas en su desnudez rutilante, en su humilde plenitud, en su miseria y en su grandeza heroica. Un Cusco, en fin, no para uso de turistas, sino para el amor filial de los cusqueños”.

 

LA OBRA ESCRITA DE ROBERTO LATORRE

 
“Manuel Gonzáles Prada”. Revista “KOSKO” Nº 7 (22-7-1924)

“Calca, el valle de Lares” “Kosko” Nº 9 (7-8-1924)

“Anta” “Kosko” Nº 10 (15-8-1924)

“Anarquismo” Kosko Nº 11. (11-8-1924)

“Porqué se roba” Kosko Nº 12 (30-8-1924)

“Crónicas Pequeñas” Kosko Nº 17 (15-10-1924)

“Matices Keswas; La Tinka, La Vigilia” Kosko Nº  21 (15-11-1924)

“Vinculo Andino”. Kosko Nº 27 (7-1-1925)

“Pedido de amnistía” Kosko Nº 36 (22-3-1925)

“Sensaciones”. Kosko Nº  40 (30-4-1925)

“Ataque a los filántropos” Kosko Nº 48 (22-10-1925)

“El Poema del Pan”, Kosko Nº  50  (30-7-1925)

“Pequeños poemas: Bohemia, la gota de agua” Kosko Nº  51 (25-8-1925)

“Pequeños poemas” Kosko Nº 52 (22-8-1925)

“Adelante, no atrás” “La Sierra” Nº 11 Cusco diciembre de  1925.

“El Suicida” Kosko Nº  63  (30-12-1925)

“Remordimiento” (cuento). y “Los hijos” (poema) “kuntur”1 Nº 1  octubre de 1927.

“Un artículo de Tristán Maroff” y “un títere gramatical” KUNTUR Nº 2 enero de  1928.

“Snob revolucinarista”. MERIDIANO Nº  3-4 La Paz Bolivia (marzo abril de  1929)

“Nota de Arte, las pinturas peruanas de Martínez Málaga” El Sol (1-1-1930)

“Pendones de Chichería” El Sol. (28-7-1930)

“A Machupicchu de paseo” El Sol (10-8-1930)

“Bibliografía, Jirones Kollavinos de Gloria Serrano y Crespo Gastelú” Kosko Nº 64 (10-7-1934)

“Bibliografía, El Collao de Alejandro Peralta”. Kosko Nº 67 (12-8-1934)

Dos cuentos sur-peruanos “partida de Sico el Shiringuero” y Casas de indios” El Sol 28-7-1935.

“Cartas a la montaña, una excursión al Cachití”. Rev. del IAA Nº 1 1942

“El Arte en la escuela” Rev. del IAA Nº 3, 1944.

“El alfabeto oficial del idioma Qheswa”. Rev. IAA Nº 5, 1947.

“Paucartambo, el hermoso pueblo”. Rev. del IAA. Nº  6 1952.

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